La ilusión y la confianza de las jugadoras de Is halla su origen en que se sienten, al menos, tan bien preparadas como sus rivales. Lo explica Laura Torvisco, directora de fútbol femenino en la Federación Madrileña y entrenadora durante más de diez años: «Hace un tiempo, era frecuente que jugadoras muy mayores siguieran liderando sus equipos. Parecía que no había un relevo. Pero ahora llegan chicas muy bien preparadas que compiten sin ningún complejo». La entrenadora recuerda, sin embargo, que para afianzar este potencial es necesario alcanzar la plena profesionalización del fútbol femenino, al menos al nivel de países cercanos como Alemania. «Vamos lentos, pero estamos en el camino», comenta.
Ocurra lo que ocurra el sábado, el torneo ha servido para subrayar nombres como Cata Coll, Claudia Pina o Eva Navarro, que este verano fueron subcampeonas del mundo con la sub-20. De esta última, que no se ha cansado de driblar en todo el Mundial, dice Kike García, su entrenador en el Levante: «La clave de su juego es la velocidad de ejecución. Puede convertirse en una de esas jugadoras imposibles de detener aunque el rival sepa el regate que va a hacer. Nosotros la esperamos con los brazos abiertos».
A ellas se ha unido Irene López, el faro del juego de la selección. En una de las decisiones que está generando más controversia, Is cambió del 4-3-3 del principio del torneo a un 4-2-3-1 que aleja a López de la creación y la reserva para dar el último pase en los metros finales. Si esta aparece en su mejor versión, las posibilidades de ganar el primer Mundial femenino aumentarán exponencialmente para España. Is no quiere ni imaginarlo para no hacerse ilusiones, pero las jugadoras están convencidas. Así empiezan las mejores generaciones.
