Una generación para liderar el fútbol femenino

El fútbol femenino es una disciplina dominada por las estadounidenses, sustentadas por un sistema universitario que permite compatibilizar los estudios y el deporte de alto rendimiento; las centro europeas, catapultadas por el prestigio social alcanzado por sus jugadoras; y los países asiáticos, que están invirtiendo importantes sumas de dinero en subirse al tren del fútbol como fenómeno de masas. Pero algo está sucediendo en España.

La distancia entre equipos como el Barcelona y el Atlético, y las potencias europeas se acorta, el convenio colectivo (el primero del deporte femenino) se acerca y la Liga Liberándola se emite por televisión cada semana mientras el interés por el fútbol femenino aumenta. Un botón de muestra: el pasado 14 de noviembre, mientras el partido de la sub-21 masculina donde juegan promesas como el valencianismo Carlos Soler o el realista Mikel Oyarzabal se emitía contra Dinamarca en streaming a través de la página de la Federación porque ninguna televisión compró el partido, la selección femenina sub-17 debutaba en el Mundial (con goleada) contra Corea del Sur en Eurosport.

Las jugadoras españolas celebran el pase a la final del Mundial.

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